Muchos de nosotros en algunos momentos de nuestra vida hemos tenido todo aquello que hoy desearíamos tener:
• Un sueño personal sin límites.
• La sensación de que las puertas del mundo se abrían a nuestro paso.
• Un muy buen sueldo o ingreso que crecía.
• Una potencia inmensa para alcanzar metas
• Una situación social, de amigos y familiar que añoramos.
• Una sensación de paz y bienestar que hoy no sentimos.
Muchas veces aparece grabada la imagen de esos momentos, con la impresión de que es imposible volver a vivirlos.
Sentimos que la magia y el carisma que teníamos se han perdido, que nos ha abandonado.
Sentimos que hemos tomado las decisiones, sin embargo, el resultado en el que estamos no era el que esperábamos.
Una sensación de vacío y del deber no cumplido nos embarga.
Los grandes sueños que teníamos fueron tomando una forma mucho más modesta y nos hemos ido conformando.
Vamos perdiendo velocidad y paulatinamente nos vamos deteniendo poco a poco, y esto parece inexorable, fuera de nuestro control o por lo menos así lo dicta la razón, nuestro intelecto.
Pero hoy quiero expresar que hay algo más profundo.
Esta semana he leído un libro en el que Osho hacía una diferencia fundamental entre el instinto, el intelecto y la intuición.
No es textual pero resumiendo y rearmando Osho expresa:
“El instinto es la inteligencia del pasado. Es casi infalible porque es algo muy antiguo, muy maduro, muy desarrollado. El instinto nunca crea ningún problema ni necesita ninguna solución, actúa naturalmente. El instinto siempre es noble y te muestra el camino natural. El instinto es físico, tu pasado, basado en experiencias de miles de años.
La intuición es el futuro, es pura solución, no genera problemas. Es tu ser más profundo, tu conciencia.
El intelecto es tu mente, es el hoy, convierte todo en problemas y no tiene ninguna solución. Vive a base de prejuicios, nunca es noble.
El instinto es natural, la intuición, existencial. El intelecto se mueve palpando en la oscuridad.
El intelecto pasa a ser una barrera para aquello que piensan que no hay nada más allá. El intelecto se convierte en una molestia ya que lo utiliza mucha gente para reprimir su instinto pero depende de nosotros en usarlo bien y convertirlo en un apoyo.
Cuando el instinto y la intuición trabajan juntos, también podemos utilizar el intelecto para buenos propósitos.”
Cuanto más intelectualizamos nuestro presente más nos aferramos a la idea de lo imposible. Nos encerramos en nuestro círculo de probabilidades de acuerdo a nuestro pensamiento limitado, y nos vamos apagando.
El Instinto, la fe, el creer, la inspiración, entre otras formas de nombrarlas, expanden nuestro destino, nos abren nuevas posibilidades, ensancha nuestros modos de pensar, multiplican las soluciones.
A través de allí nuestra actitud cambia, nuestra manera de relacionarnos, de ver la vida, de mirar nuestro futuro, de imaginar nuestras estrategias, de multiplicar nuestros contactos, de contagiar nuestro entusiasmo, y cambiamos nuestra marcha a través del combustible llamado pasión.
Y la magia y el carisma florecen, y también vuelven a vivir los sueños.
Debemos dejar de usar tanto la razón que sólo nos achata. Debemos hacer crecer nuevamente nuestro instinto, nuestra fe, nuestro creer, nuestra inspiración, que es lo que siempre le dio alas a los grandes sueños.
A eso debemos aferrarnos, a aquello que le da aire nuevo a nuestra vida. Y así lo imposible se vuelve posible.
Mi deseo como creador de este blog, es que si bien no cambiará tu vida de la noche a la mañana, pueda despertar tu interés en alcanzar tu máximo potencial, ayudando a que te reencuentres con tu mejor actitud, redescubrir tus sueños y avanzar hacia ellos. Espero te sea de utilidad y tu comentario será siempre enriquecedor. Con cariño, Alejandro email: viajehaciaelexito@gmail.com
domingo, 26 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
PERMITÁMONOS LOGRARLO
Muchas de las personas que no alcanzan su máximo potencial no lo hacen no porque no haya buenas oportunidades, recursos o habilidades, tampoco les falta conocimiento, apoyo o tiempo. No lo alcanzan porque la mente de ellos mismos se convierte en su principal obstáculo.
El editor estadounidense Moody dijo una vez “Nunca he conocido a ningún hombre que me haya dado tanto problema como yo mismo”.
Todos los que nos miran desde afuera nos ven condiciones ilimitadas para determinado alcanzar determinado proyecto, ejercer una función o alcanzar un sitio en el que podemos brillar. Es más, nos animan, nos alientan, nos afirman y nos apoyan.
Entonces allí se acaba la gran excusa, la de culpar a los otros, y queda toda la responsabilidad sólo sobre lo que nosotros hacemos. Y allí comienza la gran crisis.
Si nadie me critica al contrario me alientan, si nadie me limita sino que inversamente nos apoyan ¿Porqué no consigo entonces avanzar?
Allí aparecen todos nuestros viejos fantasmas internos de los no puedo, no soy tan inteligente, no lo merezco, no tengo fuerzas. Allí es donde nosotros nos convertimos en el mayor obstáculo para nosotros mismos y nuestra mente es nuestro mayor enemigo a derrotar.
En nuestra vida sólo nosotros tenemos la capacidad de detenernos a nosotros mismos, y muchas veces ponemos a los demás como excusas para no hacerlo.
Es importante resaltar con los obstáculos en su gran mayoría sólo existen como riesgos que se encuentran en nuestra imaginación. Las batallas más importantes se libran en nuestra propia mente.
Es por ello que:
• No debemos buscarnos más problemas, los problemas vienen solos y debemos poner nuestra mente en cómo resolverlos.
• No debemos encontrar razones para no avanzar, debemos buscar razones para sí hacerlo.
• No debemos enamorarnos de una única solución, debemos tener una mente abierta para saber que muchos caminos llevan a Roma, pero con el equilibrio de no dispersarnos demasiado.
• Debemos regrabar nuestras viejas cintas negativas, haciendo afirmaciones positivas que combatan los pensamientos que nos limitan y que se regraben en nuestra mente nuevos mensajes.
• Actuar: algún día generalmente quiere decir ningún día.
La única cosa necesaria para que no lleguemos a nuestros sueños es que no hagamos nada. Hay que evitar la inmovilidad.
Todas las cosas que pasan, buenas o malas, juntas, si sabemos aprovecharlas siempre nos ayudan para alcanzar nuestros objetivos. Son como puntos marcados en el tiempo que sólo adquieren sentido cuando llegamos a la meta.
Abraham Lincoln dijo una vez que “la mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo”.
Decidamos alcanzar nuestras metas y nuestros sueños, dejando de ser obstáculos de nuestra propia felicidad.
El editor estadounidense Moody dijo una vez “Nunca he conocido a ningún hombre que me haya dado tanto problema como yo mismo”.
Todos los que nos miran desde afuera nos ven condiciones ilimitadas para determinado alcanzar determinado proyecto, ejercer una función o alcanzar un sitio en el que podemos brillar. Es más, nos animan, nos alientan, nos afirman y nos apoyan.
Entonces allí se acaba la gran excusa, la de culpar a los otros, y queda toda la responsabilidad sólo sobre lo que nosotros hacemos. Y allí comienza la gran crisis.
Si nadie me critica al contrario me alientan, si nadie me limita sino que inversamente nos apoyan ¿Porqué no consigo entonces avanzar?
Allí aparecen todos nuestros viejos fantasmas internos de los no puedo, no soy tan inteligente, no lo merezco, no tengo fuerzas. Allí es donde nosotros nos convertimos en el mayor obstáculo para nosotros mismos y nuestra mente es nuestro mayor enemigo a derrotar.
En nuestra vida sólo nosotros tenemos la capacidad de detenernos a nosotros mismos, y muchas veces ponemos a los demás como excusas para no hacerlo.
Es importante resaltar con los obstáculos en su gran mayoría sólo existen como riesgos que se encuentran en nuestra imaginación. Las batallas más importantes se libran en nuestra propia mente.
Es por ello que:
• No debemos buscarnos más problemas, los problemas vienen solos y debemos poner nuestra mente en cómo resolverlos.
• No debemos encontrar razones para no avanzar, debemos buscar razones para sí hacerlo.
• No debemos enamorarnos de una única solución, debemos tener una mente abierta para saber que muchos caminos llevan a Roma, pero con el equilibrio de no dispersarnos demasiado.
• Debemos regrabar nuestras viejas cintas negativas, haciendo afirmaciones positivas que combatan los pensamientos que nos limitan y que se regraben en nuestra mente nuevos mensajes.
• Actuar: algún día generalmente quiere decir ningún día.
La única cosa necesaria para que no lleguemos a nuestros sueños es que no hagamos nada. Hay que evitar la inmovilidad.
Todas las cosas que pasan, buenas o malas, juntas, si sabemos aprovecharlas siempre nos ayudan para alcanzar nuestros objetivos. Son como puntos marcados en el tiempo que sólo adquieren sentido cuando llegamos a la meta.
Abraham Lincoln dijo una vez que “la mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo”.
Decidamos alcanzar nuestras metas y nuestros sueños, dejando de ser obstáculos de nuestra propia felicidad.
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