martes, 18 de enero de 2011

VOLVER A SER NIÑOS... EMPEZAR A SER SABIOS

Leyendo un párrafo del libro “Creer en lo imposible antes del desayuno”, el mismo me expresa: “Cuando una persona renace, comprende la belleza y la grandeza de la infancia… Cuando un niño es consciente de su propia inocencia no hay ninguna diferencia entre ese niño y un sabio. El sabio no es superior al niño. La única diferencia es que el niño no sabe quién es y el sabio sí lo sabe”.

Es interesante la constante referencia de los maestros trascendentes de la historia al concepto de volver a ser niños.
El libro antiguo de la Biblia, entre otros, Jesús habla de que debemos convertirnos y ser como un niños para entrar en el reino de los cielos.

Ahora, ¿qué características posee, entre otras, un niño?

• El mundo es una experiencia única de aprendizaje
• Posee un pensamiento flexible
• Permanente capacidad de asombro
• Reconoce el mundo a través de los cinco sentidos
• No posee vergüenza, culpa, ni duda
• Su desarrollo es continuo y acumulativo
• Crece de la dependencia a la autonomía
• Desarrolla conductas vinculares sociales sin distinción
• El pensamiento intuitivo es una parte importante de su aprendizaje
• Posee una enorme resistencia a la frustración: el fracaso no existe, se cae y se vuelve a levantar

En la medida en que vamos creciendo, nuestros padres, la educación, la cultura, es decir nuestro entorno comienza a sesgar estas características, modificándolas o anulándolas por otras “socialmente” correctas o “convenientes” para determinados grupos de influencia.

El mundo y su realidad se convierten un enemigo, nuestro pensamiento se esquematiza y se vuelve más rígido, perdemos capacidad de asombro aún hasta de las realidades más duras (muertes, situaciones de pobreza extrema, cartoneros, violencia extrema), nos limitamos a pensar el mundo con nuestro intelecto y sólo con pensamiento lógico matemático, la intuición se deja de lado por ser una parte “animal” de nuestra vida, se minimiza el conocimiento del mundo por varios de los cinco sentidos dando una gran importancia al pensamiento abstracto, de la autonomía que aspirábamos nos convertimos en personas más dependientes de las personas, de nuestros trabajos, del dinero, y el fracaso se convierte en una parte diaria e importante en nuestras vida, generándonos miedos e impidiéndonos avanzar, y nos socializamos sólo con aquellas personas “convenientes” y discriminamos a aquellos que no nos sirven a nuestros propósitos o no han tenido la suerte que nosotros tuvimos en la vida.

Es por ello que los hombres espirituales de la historia nos muestran que el camino es que siendo adultos nos convirtamos en sabios, que es ser conscientes de que no somos niños pero también de la importancia de recuperar características que nos han anulado o que hemos perdido.

Muchas personas que conozco sienten que perder estas destrezas es parte del crecimiento y de pasar a ser parte del “mundo adulto” y ser respetados por ello.

Yo digo desde aquí: nada más equivocado,"no entrarás al reino de los cielos": que es ser feliz contigo mismo, estar en paz con tu propia vida no siendo otra cosa que la que eres pero sobre todas la cosas, reencontrar el sentido de que la vida es bella e interesante, que todo es un desafío, sin vergüenzas y culpas que te hagan sentir mal y te limiten, con capacidad de vincularte sin “discriminaciones”, que con todos aquellos que te vincules puedes convertirte en maestro o aprendiz, sin exclusiones, que de todo en la vida puedes aprender y que cada experiencia buena o mala sirve para tu aprendizaje y que nada es trágico, es parte del crecer.

Reencontrarse con nuestro niño interior, el que le gusta jugar y divertirse, es parte del camino de la felicidad.

Te deseo que seas más niño…. Te deseo que seas más sabio.