Muchas veces en el curso de nuestra vida tendremos que lidiar con decepciones y frustraciones.
Estos reveses forman parte de nuestra vida y no hay persona en el mundo que no pase por malos momentos, es inevitable.
Nos sentimos tristes, lloramos, tenemos ganas de dejar todo, pensamos si lo que hicimos valió la pena, nos amargamos y repartimos culpas por doquier.
Las etapas por las que pasamos son varias:
Primero NEGAMOS que algo nos está sucediendo: es la etapa de las vendas.
Las cosas no funcionan pero seguimos viviendo como si funcionaran.
Es tanto el dolor de admitir que vamos por el camino equivocado, o que tomamos decisiones erróneas, que no lo reconocemos, porque hacerlo afecta directamente a nuestra estima y ego.
Creemos creemos que si lo negamos, mágicamente todo se resolverá positivamente en algún momento, pero la inercia del problema sigue socavando el terreno que pisamos.
Luego llega el ENOJO. Nos enfadamos con todos los que están alrededor y los que no están, desde Dios para abajo con todo el mundo.
El exterior es el culpable: nuestro jefe, nuestro socio, nuestros colaboradores, nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos, etc.
Cuando nos cansamos y desgastamos entonces llega la CULPA.
Ya los demás no son los culpables, sino que empezamos a ver en nosotros mismos al responsable de nuestro destino, de llegar adónde llegamos, de lo que perdimos, de lo que desperdiciamos, de lo que no hicimos.
Luego llega la RESIGNACIÓN.
No pudo ser de otro modo, no hay nada que podamos hacer ya, es lo que nos tocó y debemos mirar de acá en adelante, culparme o responsabilizarme a mi o a otros no me lleva a nada.
Llegada a esta etapa, o seguimos en un camino negativo hacia a la DEPRESIÓN, o nos tomamos de la mano de nuestra RESILIENCIA y tomamos lo pasado como una EXPERIENCIA de aprendizaje, como forma de no repetir los hechos, de hacernos más fuertes y elegir mejor nuestro futuro.
Si podemos APRENDER de lo sucedido, ya que hay cosas que no podemos cambiar hacia atrás, porque modificar el pasado es imposible, podremos transformar desde allí nuestro futuro, qué es lo único que está a nuestra mano.
Muchas veces he tomado decisiones que no han sido buenas, y siempre me he dicho “Si me cortara un brazo como compensación, ¿podría cambiar lo que sucedió?” y la respuesta siempre ha sido NO.
Por lo tanto todo lo que quedó fue pedir disculpas si alguien se sintió herido (si las mismas eran aceptadas o no estaban fuera de mi control), y también disculparme conmigo mismo, perdonarme y seguir adelante.
Todos estos momentos en la vida, son inevitables, esperables, y se convierten en PRUEBAS. Están allí para mostrarnos de qué estamos hechos.
Nos van a mostrar si la dificultad y la frustración son más fuertes y pueden con nosotros, o somos nosotros quienes las venceremos.
Debemos saber que cuánto más grande es nuestro sueño, más grande serán nuestras dificultades.
Y cuándo el tiempo de esa tormenta, esa frustración, esa desilusión, si sabemos ver, podremos comprender que la misma fue necesaria en nuestra vida, para torcer nuestro rumbo, para cambiar nuestra vida para mejor, para abrirnos caminos nuevos, y que en realidad no fue una casualidad, fue una causalidad.
Si miramos para atrás hacia otros momentos similares, podremos ver que pasado un lapso de tiempo lo que sucedió trajo algo mejor, y a partir de allí comprenderemos que lo que hoy nos sucede, si bien no puede verse como un momento bueno, en su interior, guarda la semilla de un futuro mejor, de un nuevo trabajo, de un nuevo sueño, de una nueva vida que nos espera y que todavía no se encuentra a la vista, pero que seguramente está a la vuelta de la esquina.
Como dice una frase popular “EL MOMENTO MÁS OSCURO DE LA NOCHE, ES JUSTO ANTES DE SALIR EL SOL”
Ha sido un autentico placer leer su relato. Felicitaciones.
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