
Durante muchos años he escuchado en numerosos cursos y disertaciones a las que he asistido una especie de culto a la competencia, como medio idóneo para la consecución de objetivos y como camino para lograr un mayor crecimiento personal y profesional.
Sinceramente, y desde mi opinión muy personal, nunca he creído mucho en este concepto.
Sí suena aceptable desde el punto de vista teórico, tomando a las personas desde un punto de vista ideal, casi platónico, compitiendo entre sí como miembros fundadores del fair play.
Esta situación dista mucho de parecerse a lo que se ve en la vida real.
Quizá sirva para llenar páginas y páginas de libros y poder mostrar erudición e intelectualidad pero cuando uno palpa lo que sucede en la práctica “entre lo dicho y lo hecho hay mucho trecho”.
Los celos, las envidias, los problemas de autoestima de la gente, puede verse proyectados más claramente ante estas situaciones, y muestran a las claras que si para poder uno triunfar debe “ponerle la pata al compañero para que se caiga” este es un elemento válido si el fin de coronarse triunfador.
Competitivo en la jerga de pasillo es sinónimo de trepador, especulador, y otras acepciones semejantes y no mejores.
Los Pierre Nodoyuna de la vida, que para quién no lo recuerda, este personaje era uno de los corredores de los dibujos animados de Los Autos Locos. Todos competían por la victoria en cada episodio en un largo rally lleno de peligros y Pierre esperaba ganar sólo con trampas y engaños, pero como su nombre indica todo le salía mal.
En la vida real muchas veces sucede lo contrario. Estas malas artes una buena cantidad de veces dan el resultado que esperan a corto plazo al individuo. Pero a mediano y largo, se convierten en derivaciones amargas, no solo para él, sino para el equipo y la organización.
La competencia, en muchos casos es un chaleco de cemento que tiende a hundir los buenos propósitos para lo que fue instalada y lo que hace es tender a instalar la mediocridad e igualar hacia abajo.
En realidad la competencia no tiene nada que ver con sacar tajada del otro.
Esto no quiere decir que uno no deba querer crecer y lograr más y mejores resultados, y con el deseo de ganar. De hecho no existe motivación si uno no tiene la ocasión de demostrar su valor y su capacidad.
Como escribió la Dra. Kassorla: “los triunfadores saben que hay mucho espacio en la cima ... No necesitan mostrarse hostiles ni menospreciar a los demás”.
Si usted quiere hacer algo bueno para su vida, y lograr ser el mejor que desea ser, compita sólo contra usted mismo.
Si usted compite contra otro y usted es el mejor, no le costará mucho esfuerzo llegar a ser el primero. Pero si la competencia es contra usted mismo, deberá exigir lo mejor de sí para mejorar.
Si la competencia hubiera sido contra otro integrante del grupo, que usted no estuviera en condiciones actuales para alcanzar, se desmoralizaría y no haría siquiera el esfuerzo, de hecho no lo iba a lograr. Por este motivo lo que usted hubiera podido mejorar quedó en la nada.
En cambio si compite contra usted mismo, todos los días puede mejorar un poco más, y un poco más, y hasta puede llegar a emular la fábula de la libre y la tortuga.
Una vez escuché a alguien decir: “no necesita crecer de hoy a mañana un ciento por ciento, sí mejore sólo un uno por ciento cada día y todos los días”.
Exíjase un poco más, extiéndase un poco más, sea mañana un poco mejor que hoy, mírese y compita con quien debe competir, con usted mismo.
Y cuando triunfe sobre su persona, prémiese, disfrute de crecer y entonces celebre que hoy es mejor que ayer.
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