Dale Carnegie expresó lo siguiente en su libro “Como ganar amigos e influir sobre las personas”: “... nos gusta seguir creyendo en lo que hemos llegado a aceptar como exacto, y el resentimiento que se despierta cuando alguien expresa duda acerca de cualquiera de nuestras presunciones nos lleva a buscar toda suerte de excusas para aferrarnos a ellas.
El resultado de lo que llamamos razonamiento consiste en encontrar argumentos para seguir creyendo lo que ya creemos”.
Cuándo leí esto hace muchos años me pareció un párrafo impresionante y revelador. Hoy me sigue impactando de igual forma.
Nuestras creencias son ideas que están hoy impresas en nuestro subconsciente y tomado la forma de un bloque muchas veces inamovible. No sabemos ni siquiera como han llegado allí, ni quién las colocó. Quizá nuestros padres, la cultura, alguna persona que nos ha influido grandemente en el pasado o un experiencia personal traumática entre otras razones, pero no estamos muy seguros de ello. La cosa es que las sostenemos.
Muchas de ellas ni siquiera tienen un basamento en la lógica, sólo las creemos y ya. Y alrededor de ellas creamos toda una serie de vallas de contención, muros y torretas para defenderlas de los ataques externos.
Ni siquiera tienen que ser conceptos en los que hoy estemos realmente convencidos, pero en ellas se basan ser quienes hoy somos y las defendemos a ultranza, aún a sabiendas de que producen resultados devastadores en nuestra propia vida.
Existen muchas creencias llamadas limitantes que son aquellas que no nos permiten alcanzar nuestro máximo potencial. “Yo soy así”, “no puedo cambiar”, “no soy capaz”, “no tengo dinero”, “a mi edad no puedo hacerlo”, “ya no soy joven”, “no soy inteligente” son algunos nefastos ejemplos de este tipo de pensamientos que hacen que quedemos estancados en donde estamos y no podamos avanzar.
Este tipo de excusas poseen el beneficio psíquico consciente o inconsciente de no tener que movernos hacia ningún lado, no tener que esforzarnos para conseguir nada, no debemos ponernos a prueba a nosotros mismos y nos dejan dentro de nuestra zona de comodidad y de lo que conocemos. Hacen que no sea necesario exponernos a lo desconocido, total “mejor malo conocido que bueno por conocer”.
Una vez escuché decir que “lo bueno es lo enemigo de lo excelente”. Si da resultado, ¿Para qué cambiar? Sin embargo mediante el sistema de mejora continua y el cero error las empresas japonesas lograron el liderazgo sobre otras potencias que se quedaron dormidas en sus laureles.
Debes comenzar a matar tus excusas si quieres salir de la mediocridad de la mente, y sacar a relucir al triunfador que llevas dentro. No hemos llegado a la vida para respirar, comer y dormir. Has llegado a este planeta para marcar la diferencia, para ser todo lo que estás preparado para poder potenciarte a tu máxima expresión.
Cambia tus pensamientos destructivos, por los “si puedo”, “no me voy a conformar”, “no me importa la edad que tenga, lo lograré”, “tengo la capacidad y la inteligencia necesaria”, y tu vida cambiará como cambian tus pensamientos.
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