miércoles, 16 de junio de 2010

Definiendo nuestra vida

Me resisto a pensar que la vida es trabajar, comer, dormir, criar hijos, pagar impuestos, jubilarse y morirse, el ser sólo un engranaje de la máquina donde uno se desgasta y se muere y nace otro engranaje que crece y reemplaza al desgastado.

Albert Einstein dijo “Dios no juega a los dados” y yo creo que hay un objetivo en la vida de cada uno.

Cuando se dice que somos únicos e irrepetibles, que ninguno es igual a otro es que cada uno tiene una particularidad, un talento único para desarrollar indispensable para sobresalir, ser útil y dejar una marca única.

El tema es que el sistema, ese engranaje de la máquina que es la sociedad, necesita tornillos, tuercas, arandelas humanas para funcionar y necesita aplastar expectativas, sueños, para poder lograr su propio propósito, sin importar si las personas cumplen sus fines o no.

Creo que tenemos que aprender a despertar, como Neo en la película “matrix”, que si uno la mira con otros ojos su mensaje es mucho más profundo que una simple película de ciencia ficción.

Nuestra vida siempre está conducida, guiada, controlada por algo. Muchas veces lo que nos controla es un problema, una presión, una fecha. También puede ser un dolor, un recuerdo o un miedo o una culpa. Otras por simple autoestima o necesidad de sentirse aprobadas (por los padres, por la familia, por la sociedad, por lo amigos, grupos de presión, etc.).

Estas emociones se transforman en acciones. Desde allí tomamos las decisiones y hacemos lo que hacemos.

Cuando descubrimos cuál es el propósito de nuestra vida, el significado cambia radicalmente. “Cuando la vida tiene significado usted puede enfrentar cualquier cosa, cuando no lo tiene todo es insoportable”.

Cuando uno siente que no vive sino que sobrevive, que está tratando de ser algo que ni siquiera sabe que es, siente que está fracasando. Si sabe hacia dónde va, siempre sentimos que la vida fluye para nosotros.

El optimismo nace de tener un propósito, y ser optimista es tan necesario y sano para la vida de uno como el aire o el agua.

Tener un propósito es la fórmula de la felicidad. La felicidad no es un momento, es una actitud hacia la vida, y esta hace que la vida tenga un verdadero sentido. Por supuesto no todos los momentos son buenos, pero todos tienen un valor necesario, un sentido en el camino que seguimos.

Conocer el propósito simplifica nuestras vidas, hace más fáciles las decisiones. Marca con claridad lo que debemos y lo que no debemos hacer, que actividades son esenciales y cuáles no. Si un propósito claro no tenemos fundamento para tomar decisiones, tratamos de hacer demasiado y esto provoca cansancio, stress y conflictos.

Cuando conocemos el propósito concentramos esfuerzos, nos hacemos más efectivos al ser selectivos.

Sin un propósito seguiremos siempre cambiando de trabajo, de negocios, de relaciones, esperando que cada cambio llene un vacío interno.
Actividad no tiene nada que ver con productividad. Podemos est
ar ocupados todo el tiempo y estar desperdiciando todo ese tiempo. Nada genera más energía que el tener un objetivo claro de vida.

Enfocarse en el propósito de nuestra vida es fundamental para lograr la felicidad en nuestra vida y para todo nuestro entorno.

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