viernes, 25 de junio de 2010

Dueños de nosotros mismos

El hombre que escupió a Buda:

“En una ocasión, un hombre se acercó a Buda e, imprevisiblemente, sin decir palabra, le escupió a la cara. Sus discípulos, por supuesto, se enfurecieron.
Ananda, el discípulo más cercano, dijo dirigiéndose a Buda:

- ¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!

Buda se limpió la cara con serenidad y dijo a Ananda:

- No. Yo hablaré con él.

Y uniendo las palmas de sus manos en señal de reverencia, habló de esta manera al hombre.

- Gracias. Has creado con tu actitud una situación para comprobar si todavía puede invadirme la ira. Y no puede. Te estoy tremendamente agradecido.

También has creado un contexto para Ananda; esto le permitirá ver que todavía puede invadirlo la ira.

¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y queremos hacerte una invitación. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, piensa que puedes venir a nosotros.

Fue una conmoción tan grande para aquel hombre... No podía dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido para provocar la ira de Buda y había fracasado.
Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sueño.
Los pensamientos lo perseguían continuamente. Había escupido a la cara de Buda y éste había permanecido tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si no hubiera sucedido nada...

A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:

- Por favor, perdóname por lo de ayer. No he podido dormir en toda la noche.

Buda respondió:

- Yo no te puedo perdonar porque para ello debería haberme enojado y eso nunca ha sucedido.
Ha pasado un día desde ayer, te aseguro que no hay nada en ti que deba perdonar.

Si tú necesitas perdón, ve con Ananda; échate a sus pies y pídele que te perdone. Él lo disfrutará.”

Debemos aprender a ser libres de la gente. No debemos permitir que lo bueno o lo malo de la gente nos te toque.

Cuando alguien diga algo bueno de nosotros tenemos que esforzarnos porque eso no llegue a envanecernos, para que cuando llegue el día en que la misma persona hable algo malo de nosotros tampoco nos sintamos humillados.

Si estamos pendientes de la aprobación de los demás, cuando éstos nos la nieguen, nos convertiremos en monos en busca de la galleta, haciendo monerías para conseguir un poco de lo que necesitamos, y ya no seremos dueños de nuestro destino, sino esclavos de la validación externa.

Tenemos que hacer que nuestras palabras internas sean más fuertes que las palabras externas.
Entonces no seremos esclavos del afuera, seremos dueños de nosotros mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario