jueves, 3 de junio de 2010

¿A quién escuchamos?

Para avanzar en aquello que amamos hacer, alcanzar nuestros sueños, vivir más plenamente, tenemos que cuidar lo que oímos y sobre todo a quién oímos.

Una palabra expansiva nos puede hacer ganar años de nuestra vida, ya que nos acercará un buen consejo, nos aportará una idea de oro, expandirá nuestra mente para encontrar soluciones nuevas, nos dará fuerzas para seguir adelante más rápida y eficazmente.

Una palabra negativa en cambio puede frenarnos, inmovilizarnos, desmotivarnos y hasta hacer que abandonemos aquellos caminos que harían nuestra vida plena y en los que podríamos desarrollar nuestro máximo potencial.

Sólo podemos desarrollarnos completamente, como fue expresado en artículos anteriores, haciendo aquello que verdaderamente amamos.

Por eso es bien importante que aprendamos a discernir a quién contar las cosas y a quién pedir consejos.

Es importante tener en cuenta tres puntos:

1) Hay una gran diferencia entre un consejo y una opinión. Un consejo nos lo da aquel que ya logró lo que nosotros todavía queremos lograr y que te puede guiar, porque ya pasó por allí y logró el objetivo. Si queremos saber cómo poner en marcha un negocio, debemos preguntarle al que ya lo hizo, y si tiene una cadena de negocios, mejor, porque nos dirá “porqué querés abrir un negocio, abrí dos!!!”
Sin embargo vamos por la vida preguntando siempre ¿qué opinas…? ¿qué opinas…..?, cuando muchas veces a quién consultamos están peores situaciones de lo que estamos nosotros. A aquellos que nos dirán “¿Estás seguro? mirá si te va mal….”, “si estamos en una crisis”, “mirá que ya estás grande…”,”poné los pies sobre la tierra, estás pidiendo mucho…”, entre otras cosas.

Si uno lo mira desde otro ángulo nos parecería absolutamente ridículo que un borracho le pregunte a otro borracho consejos acerca de como dejar la bebida. Pero en otros ámbitos nosotros actuamos igual, aunque no sean ejemplos tan evidentes.

Por lo tanto antes de pedir una mirada distinta, es importante que nos fijemos bien a quién le estamos preguntando.

2) Pero por otra parte habrá personas que quieran darnos su opinión sin que siquiera la hayamos solicitado. Y en general serán las más negativas, escondidas en un disfraz de positividad, como una “crítica constructiva”. No dejes que los pensamientos negativos, las frustraciones, nacidos de personas que no se atrevieron a vencer los obstáculos te limiten.

Si podemos, digamos gracias y no escuchemos, y si vemos que nos influye tratemos de evitar ese momento y alejémonos, física o emocionalmente. Tampoco estamos para hacerle cambiar sus opiniones, cada uno es dueño de pensar como quiera, y no está en nosotros juzgar sus razones. Pero nosotros también tenemos derecho a seguir pensando lo que pensamos, sin dar ninguna explicación ni manifestar las razones por las cuales las mantenemos. Creemos lo que creemos y listo.

Depende de nuestro criterio saber si lo que nos dicen es para expandirnos o para limitarnos.

3) Como tercer punto también debemos tener precaución acerca de a quién contamos nuestros sueños. Las personas correctas nos empujarán e incentivarán, pero otros tratarán de tirarte en un pozo, en el mismo que se encuentran ellos. Cuándo vean que siguen adelante, muchas veces escucharás “yo también quise hacer xxxx cosa, pero no me animé”. Pero aún cuando lo cuentes sabrás qué personas te acompañarán parte o todo el camino, y quiénes nunca te acompañarán. Y eso es bueno, porque sabrás dónde colocar más tu tiempo y no desperdiciarás recursos.

Tampoco es para que nos enojemos, no podemos calificar a los demás por algo que en realidad afecta a sus propias vidas. Nadie puede dar aquello que no tiene, y si no creen en sí mismos difícilmente crean en nosotros, es lógico.

Para cerrar, elegí una frase de Confucio que dice: "al principio, el camino por el que conducía a la gente era escuchar sus palabras y confiar en que actuaran según ellas. Ahora, escucho sus palabras y observo si actúan según ellas. Este cambio estaba en mis manos".

No hay comentarios:

Publicar un comentario